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Cuando Dios te envía (y ya no puedes quedarte donde estás)

  • Foto del escritor: Fernando Moreno
    Fernando Moreno
  • 16 ene
  • 2 Min. de lectura

Aún hay camino. Y ahora sabes hacia dónde.

Llegar a los 50, 60 o más no es el final de nada. Pero sí es el final de la improvisación.

Muchos hombres han pasado años sobreviviendo: resolviendo problemas urgentes, cargando culpas antiguas, apagando incendios familiares, sosteniendo responsabilidades sin dirección.


Dios no nos sana para que sigamos sobreviviendo. Dios restaura para enviar.

“Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano para que anduviésemos en ellas. ”Efesios 2:10


La sanidad interior fue necesaria. La reconciliación con el pasado fue clave. Pero llega un punto en que quedarte solo ahí se convierte en una forma silenciosa de desobediencia.


Hay un momento —y suele llegar después de los 50— en que Dios no pregunta qué te pasó, sino: ¿Qué vas a hacer con lo que ahora sabes?¿A dónde vas a caminar con lo que te fue restaurado?¿Quién se beneficiará de tu historia redimida?


De sobreviviente a mayordomo


El sobreviviente reacciona. El mayordomo administra.

Mayordomía no es control. Es responsabilidad con dirección.

Mayordomía del tiempo que queda. Mayordomía de la experiencia acumulada. Mayordomía del carácter formado en el dolor. Mayordomía de una fe que ya fue probada.

Jesús no llamó a hombres perfectos. Llamó a hombres disponibles.

“Vayan y hagan discípulos…”Mateo 28:19


Ese llamado no caduca con la edad. Madurar no es retirarse. Madurar es saber para qué sigues aquí.


Generación Plateada no es un refugio


No nacimos para escondernos del mundo. Nacimos para servirlo con sabiduría.

Generación Plateada no es un club. No es terapia grupal. No es motivación barata.


Es un espacio para hombres que: – ya no quieren empezar de cero,– no necesitan aplausos,– pero saben que aún hay obra por hacer.


Si estás leyendo esto y algo dentro de ti se incomoda, no es presión.

Es llamado.


Si llegaste hasta aquí, no fue casualidad. No tienes que decidir nada hoy. Solo una cosa:

No vuelvas a vivir sin dirección.


Aún hay camino. Y ahora sabes hacia dónde.

 
 
 

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