top of page

A esta edad… todavía me queda historia por escribir

  • Foto del escritor: Fernando Moreno
    Fernando Moreno
  • 12 dic 2025
  • 3 Min. de lectura
Salmo 71:18 – “Aun en mi vejez y canas… proclamaré tu poder a las generaciones venideras.”
Salmo 71:18 – “Aun en mi vejez y canas… proclamaré tu poder a las generaciones venideras.”

Hay una verdad que pocos se atreven a decir, pero tú y yo la conocemos bien: llegar a los 50 o más no es fácil. No es solo la piel, los cansancios nuevos, los silencios profundos… es darte cuenta de que la vida no te salió exactamente como la imaginaste.


Y aun así, sigues aquí.

Con golpes, pero aquí.

Con cicatrices, pero aquí.

Con dudas, pero aquí.


Y eso ya te convierte en alguien valiente.


1. El error de pensar que “ya no hay mucho por hacer”


En este punto de la vida, muchos se resignan. Se sienten “superados por el tiempo”, “fuera de lugar”, “demasiado tarde para empezar”.


Pero mira lo que dice el salmista:


“Aun en mi vejez y canas… yo anunciaré tu poder.”


¿Notas algo?

No dice “cuando era joven”.

No dice “cuando tenía fuerza”.

No dice “cuando las cosas estaban más fáciles”.


Dice: AUN EN MI VEJEZ.


Esto significa una sola cosa:

La misión sigue viva.

Dios no te dejó fuera del plan.

Mientras respiras, todavía tienes algo que dar.


2. El propósito no se acaba, se transforma


Quizá ya no quieres impresionar a nadie.

Quizá ya no buscas competir.

Quizá ya no tienes energía para vivir como antes.


Pero ahora tienes algo infinitamente más valioso: Experiencia. Sabiduría. Claridad. Mirada. Corazón probado.


Tu propósito no desapareció: Cambió de forma.Ya no se trata de correr más… ahora se trata de caminar mejor.


Entraste en la etapa donde tu vida habla más fuerte que tus palabras.


3. Las cicatrices no te restan valor: te hacen creíble


Todo lo que viviste; lo bueno, lo malo, lo injusto, lo que te rompió — no fue para destruirte… sino para equiparte.


Dios pudo quitarte esos dolores, pero eligió algo mejor: convertirte en alguien que sabe lo que es caer… y volver a levantarse.


Tu historia tiene poder.

Tu voz tiene peso.

Tu proceso tiene propósito.


Lo que viviste, otros lo necesitan escuchar. Porque hay gente más joven en tu casa, en tu familia, en tu comunidad… que todavía no conoce al Dios que te sostuvo a ti.


4. No estás en el final: estás en tu mejor temporada


Sí, en serio.


A esta edad ya sabes quién eres y quién no.

Ya sabes lo que vale la pena y lo que no.

Ya entendiste que la verdadera riqueza es otra.

Ahora sí estás listo para brillar, pero de verdad.


Sin máscaras.

Sin prisas.

Sin miedo a quedar bien.

Solo con la fuerza de tu historia y la fidelidad de Dios detrás de ti.


5. ¿Tu misión ahora? Inspirar, guiar, acompañar


No necesitas ser “mentor profesional”.

No necesitas títulos, ni plataformas, ni seguidores.


Necesitas algo que ya tienes: tu experiencia y tu vida real.


Tu misión ahora es proclamar. Mostrar lo que Dios puede hacer con una persona rota… que se negó a quedarse tirada.


Eso es lo que las nuevas generaciones necesitan ver: testigos reales, no perfectos.


6. Este es tu momento


No estás tarde.

No estás acabado.

No estás de salida.


Estás en la etapa más poderosa de tu vida.


La etapa donde Dios no solo te usa… sino que te honra.


Y como dice el Salmo 71:18, mientras tengas aliento, todavía te queda historia por escribir.

 
 
 

Comentarios


bottom of page